Embarazo y Crianza

Embarazo de Rocío Parte I

Hola a todas, hoy estrenamos nueva sección en el blog, y aunque esta entrada la tenía preparada para el lunes pasado, ya os comenté que he pasado una semana un poco chunga con mi hernia, así que la publico hoy.

En esta sección quiero hablaros de mi experiencia como madre, no voy a daros consejos de lo que hay que hacer o no, pienso que cada una vive la maternidad a su manera.

Yo os voy a contar mis vivencias como madre, mis embarazos (tres a término y dos que no) y mis partos (los tres muy distintos), os contaré nuestras anécdotas, os hablaré por supuesto de la cardiopatía que tiene mi chiquitín, en fin, mi visión de la maternidad como madre de familia numerosa.

Para la primera entrada he pensado que lo mejor es empezar por el principio, por mi primer embarazo, el de mi hija.

Corría el mes de junio de 2004, conmis 20 añitos recién estrenados (madre mía que de años han pasado ya 😂), lo que menos me planteaba era ser madre, pero no había lugar a dudas, el tercer test de embarazo fue positivo como los dos anteriores.

Yo soy como un reloj, si me retraso un día no hace falta que me haga un test porque sé cual va a ser el resultado, además de otros síntomas que sólo las que hemos pasado por ello sabemos cuales son. No me refiero al hinchazón y dolor de pecho, ni a los típicos dolores que puedes confundir con una menstruación, sino a lo rara que me sentía, a lo diferente que me veía.

Así que una mañana, al llegar de juerga con el padre de mi hija (sí lo sé, no era el mejor momento para hacerse una prueba de embarazo) le dije que creía que estaba embarazada. Fuimos a la farmacia a por un test y me lo hice. Él estaba convencido de que no lo estaba, yo sabía que si. Algo dentro de mí me decía que la prueba iba a salir positiva. Y efectivamente salió un súper positivazo en toda regla. Inocente de mí y desencajada del asombro, le dije que fuésemos a por otro test, por si acaso esté era un falso positivo. Nada, el segundo salió positivo igual. Con el sofocón que me pillé a llorar, el nerviosismo que me entró y la pena y alegría que sentía al mismo tiempo, me quedé dormida. Al despertarme, más tranquila y serena, volví a hacerme otra prueba, y el resultado fue el mismo. No había duda, estaba embarazada.

Mi familia se lo tomó muy bien, al ser hija de madre soltera, mi madre me brindó todo su apoyo incondicional, pero la familia de mi ex no se lo tomó tan bien. Querían que interrumpiésemos el embarazo, pero yo decidí seguir adelante, sola o con él.

Las pruebas del primer trimestre salieron muy bien. No tuve demasiadas náuseas, y me pasaba la mayor parte del tiempo durmiendo. Por aquel entonces no trabajaba.

Durante las vacaciones, estando en Portugal, una mañana empecé con muchísimos dolores en la zona de los riñones, así que muerta de miedo fuimos al ambulatorio, en el que ni me miraron, y de allí nos derivaron al hospital más cercano. El trayecto se me hizo eterno, entre los dolores que me iban y venían, pasando de los riñones a la barriga, que no había ni desayunado y que estaba muerta de miedo, me pareció que el viaje duró horas.

Ya en el hospital, me atendieron bastante rápido. Entré en una sala donde hacían ecografías y vi por primera vez a mi gorda. Estaba todo bien. Ella estaba perfecta, y aunque con dudas, la ginecóloga me dijo que parecía una niña.

Así que ahí estaba yo, espatarrada, con la madre de mi ex haciendo de traductora, porque claro yo no tengo ni papa de portugués y la ginecóloga no entendía tampoco español; y llorando como una magdalena porque mi bebé estaba bien. Al final el diagnóstico fue un cólico, así que me pusieron una vía con calmantes y suero y estuve ingresada un par de horas hasta que el dolor remitió.

El segundo trimestre no fue muy tranquilo que digamos.

Con 18 semanas, una noche empecé a sangrar y mucho. Así que asustados y con varias toallas para no manchar el coche, nos fuimos para el hospital. Cuando llegamos, me pasaron súper rápido. En una sala me subí a una camilla y me hicieron una exploración. La sangre había remitido bastante, y tras escuchar el latido y ver que estaba bien, nos mandaron a casa. Tenía una amenaza de aborto y me mandaron reposo relativo durante 15 días.

La analítica del segundo trimestre salió bien, aunque la curva salió positiva. Me mandaron andar más y dejar de comer pan de leche (mi gran antojo durante el embarazo de Rocío). Me hicieron la curva larga, con sus mil pinchazos y una catastrófica practicante que me dejó los dos brazos igual que a una yonki. Con deciros que ni siquiera los podía doblar del dolor, todavía lo recuerdo como si hubiese sido ayer. Tras una semana los resultados salieron negativos.

Por lo demás, el segundo trimestre fue normal. Sin náuseas, sin tanto sueño y cada dos minutos en el baño, vamos lo normal.

¿Quieres saber cómo fue el tercer trimestre y mi parto? Pues te lo cuento en el próximo post, que sino este va a parecer un testamento.

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