Embarazo y Crianza

Segunda pérdida Parte I

Si la entrada anterior fue difícil de contar, esta es sin duda más complicada aún, no por la pérdida en si, porque en ese caso duele lo mismo, sino por las circunstancias.

Aquel invierno, estábamos inmersos en los preparativos de nuestra boda, cuando llegó la gran noticia a nuestras vidas, ¡¡Estábamos embarazados!! Nos hubiese gustado que pasase después de la boda pero llegó así, y nos dio una alegría enorme. Imaginaros la emoción, iba a casarme y a tener un hijo con el hombre más maravilloso del mundo, todo el mismo año.

Las primeras semanas fueron maravillosas. Las familias recibieron la noticia con una ilusión tremenda, mi marido me cuidaba muchísimo, los ratos libres que tenía los aprovechaba para dormir y descansar. Rocío estaba emocionadísima con la idea de ser por fin hermana mayor.

Nos hubiese gustado esperar un tiempo prudencial a contárselo, pero fue imposible. Entre la felicidad que sentíamos y lo rápido que se me empezó a notar, fue inevitable tener que darle la gran noticia.

Con la experiencia del anterior aborto, no quise apresurarme a hacerme una eco, así que me tomé las cosas con calma. Fui a mi médico para que me diesen cita para la primera analítica y a las 7 semanas fuimos a ver a mi ginecóloga para hacer la primera eco.

Ese día nos dieron permiso para ausentarnos un rato del trabajo. Recuerdo lo nerviosa e inquieta que estaba aquel día. Las ecos siempre me han producido un nerviosismo que hace que la noche anterior apenas duerma. Era una eco tan importante!! Íbamos a ver si estaba ahí y si estaba bien.

Ya en la consulta, mi ginecóloga nos hizo la eco, y mientras la hacía se detuvo unos segundos para mirar bien, volvió a pasar el ecógrafo y nos miró. Nuestras caras eran un poema. De repente nos soltó la pregunta: “¿Ha habido casos de gemelos en vuestra familia?” Mi contestación fue “¿Perdona?”, mi marido directamente entró en shock jajaja recuerdo que le miré y estaba blanco y con los ojos como platos.

Efectivamente estábamos esperando dos!!! No os podéis imaginar el cachondeito que teníamos antes de la eco, con familiares y amigos que nos preguntaban si venían dos, que menuda barriguita tenía para llevar solo uno, y todos tenían razón.

Cuando salimos de la consulta, nos dio por llorar. Estábamos tan en shock que las lágrimas de incredulidad y de alegría se mezclaban con risas de nerviosismo. En seguida llamamos a nuestras madres para darles la gran alegría.

Fue una sorpresa sí, pero ya que nos poníamos, ¿Porqué no tener dos de golpe? Sí, sería doble trabajo, doble gasto, doble de todo, pero sobre todo sería doble alegría y felicidad.

Me hicieron la primera analítica y me cambiaron las pastillas de ácido fólico por unas más completas ya que había que repartir entre los dos bebés.

A los 15 días teníamos cita en una clínica de Madrid para nueva eco. Al ser embarazo múltiple sería considerado embarazo de riesgo. En principio la eco era para ver bien si eran gemelos o mellizos, ya que en el ecógrafo de mi ginecóloga no se visualizaba bien.

Ese día fui yo sola a la eco. Metro de Madrid, 16:30 de la tarde, mujer embarazada con náuseas horribles y olores a sudor, mezcla horrorosa jaja que mal cuerpo se me puso, y es que, al igual que en el embarazo de Rocío apenas tuve náuseas, este embarazo parecía que iba a ser movidito.

Llegué puntual a la cita, pero ya sabéis como funcionan las consultas médicas, que hagas lo que hagas nunca van a su hora. La espera se me hizo eterna pero por fín me llamaron.

En la sala, un hombre muy serio me hizo tumbarme en una camilla y me pidió que dejase la barriga al descubierto. Lo primero que me dijo fue que efectivamente eran gemelos. Compartían la misma bolsa y la misma placenta, así que serían gemelos idénticos.

De repente empezó a dar vueltas. Miró y remiró. Para arriba, para abajo. Sin articular palabra. Me pidió varias veces que me pusiese de un lado, del otro, pero no decía nada más. Yo cada vez me ponía más nerviosa, le observaba, su gesto era serio, muy serio, hasta que 20 minutos después le pregunte “¿Va todo bien?”, su contestación solo fue un “ahora te cuento”. Ahí ya empecé a temblar.

¿Quieres conocer el resto de la historia? Pues tendrás que esperar al próximo post, porque lo que vino después es largo de contar.

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