Embarazo y Crianza

Segunda pérdida Parte II

Aunque esta sección dije que sería quincenal, he decidido adelantar está entrada un poco para contaros el desenlace de nuestro embarazo de gemelos.

Como ya os conté en el post anterior, el día que fui a la eco en Madrid, lo primero que me confirmaron fue que eran gemelos. Después de pasarse como media hora mirando con el ecógrafo, el ginecólogo me dijo que me limpiase la barriga y me sentase. Había latido en los dos bebés, bebé 1 estaba perfecto, acorde a las semanas de gestación, pero bebé 2 no estaba bien.

Venía con un problema que haría que no pudiese vivir. Era acraneo. Esto significa que parte de su cráneo no se había formado. Obviamente no sería posible su supervivencia. Podría llegar a nacer pero aguantaría horas o días como mucho. Si os digo la verdad, a partir de decirme esto el ginecólogo, entré en shock y aunque me dijo que el bebé sano podía salir adelante, yo me derrumbe.

¿Que había podido pasar? ¿Porqué nos tenía que pasar algo así? Como pude salí de la consulta y al llegar a la calle parecía un fantasma. Llamé a mi marido y aunque apenas podía articular palabra con mi llanto, le conté lo que pasaba.

Ya en casa y después de llorar durante horas, nos sentamos y hablamos de lo que haríamos. Existían varias posibilidades, podíamos continuar con el embarazo y esperar a que naciesen los dos bebés teniendo que pasar por el trance de despedirnos de uno, podíamos “anular” a bebé 2 poniéndole una especie de pinza en el cordón umbilical para que no le quitase alimento a bebé 1 y este pudiese crecer bien o podíamos interrumpir el embarazo. Las dos primeras opciones conllevaban numerosos riesgos, la más importante, un aborto espontáneo. Pero decidimos que pasase lo que pasase luchariamos por el bebé sano.

Dos días después, acudí a mi médico a por la baja y por recomendación de él, me dijo que fuese a mi hospital, al Puerta de Hierro de Majadahonda para que me hiciesen una nueva eco. Me recogió mi marido y allí que nos fuimos.

Al entrar en la consulta de urgencias y tras contarles lo que pasaba me hicieron una eco vaginal. Ahí, unos minutos después de estar mirando, me dieron la peor noticia. No había latido. Los dos eran negativos.No me podía creer que estuviese pasando otra vez por lo mismo. Estaba de 9+3, igual que en la anterior pérdida. Su explicación fue que en los casos de gemelos en los que uno está malito y falla, normalmente se suele llevar con él al bebé sano. De ahí tuvimos que ir a hacernos otra eco para que una especialista confirmase el diagnóstico. Me dijeron si quería verlos en la ecografía pero no me sentí con fuerzas. Sentía un dolor tan grande que no podía despedirme de ellos.

Al día siguiente ingresé por la mañana para que me hiciesen un legrado. Después de 8h de espera, me llevaron a quirófano. Me durmieron entera y cuando desperté ya estaba junto a mi marido. Se había acabado todo. El 30 de abril de 2015 una parte muy grande de mí se fue con ellos.

A día de hoy y con lágrimas en los ojos mientras os lo cuento, sé que no lo he superado. He aprendido a vivir con ello, pero siempre me acuerdo de mis gemelos y de como la vida no quiso que estuvieran junto a nosotros. El cuerpo fue sabio, era difícil que bebé 1 sobreviviese si fallaba bebé 2, o quizás fue porque el destino quiso que 3 meses después me quedase embarazada de mi pequeña albóndiga.

Después del legrado, tuvieron que analizar una muestra de cada bebé para saber porque había pasado eso. Los resultados fueron “normales”. No se debía a nada genético, simplemente había sido una malformación.
Los defectos del tubo neural son la segunda malformación más habitual después de las cardiopatías congénitas (sí, como bien sabéis mi tercer hijo ha nacido con una cardiopatía). Estas malformaciones del tubo son más comunes en los embarazos gemelares que en los que sólo hay un embrión. Se deben a un cierre incompleto del canal neural entre los días 26 y 28 del desarrollo embrionario. Esto se puede deber a varios factores como la diabetes mellitus, el uso de antiepilepticos, baja ingesta de ácido fólico…

La única recomendación que nos dieron para un siguiente embarazo fue aumentar la dosis de ácido fólico y sobre todo no obsesionarnos con que nos volvería a pasar ¿Pero de verdad es posible pasar un embarazo “tranquila” después de pasar por algo así?

¿Te quedas a conocer mi siguiente embarazo? Este sí que fue con final feliz, feliz no, felicísimo, mi gordito precioso, Javier, mi bebé arcoiris, después de dos pérdidas, después de perder 3 partes de mi corazón.

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