Embarazo y Crianza

El día que te salvaron la vida

Buenos días a todas, hoy quiero compartir con vosotras una carta que he escrito para mi guerrero con motivo del primer aniversario de su operación.

No os voy a mentir, hoy estoy de bajón, y no debería estarlo porque Alvarito está estable, pero llevo unas semanas que es inevitable darle vueltas. Recordar el final del embarazo, los miedos, la operación, las semanas posteriores… sólo las que hemos pasado por esto sabemos lo que es, lo que sentimos, y aunque nuestros peques estén “bien” nosotras no respiramos con calma, siempre en alerta, siempre vigilando cualquier cambio de color, de temperatura, de catarro…

Hoy me siento orgullosa de poder contaros como fue la operación del cuqui, y de lo valiente que fue él.

Carta a mi hijo:

Amor mío, hoy te quiero contar la historia del día en el que unos héroes con bata te salvaron la vida.

Ese día nos levantamos sólos, tus hermanos se habían quedado a dormir en casa de los abuelos para que nosotros intentasemos descansar un poco antes de lo que se avecinaba. Los nervios, la angustia y que mamá se tenía que sacar leche cada dos horas, hicieron que apenas pegasemos ojo. Nos levantamos muy prontito para ir a estar contigo un par de horas antes de la despedida.
Llegamos al hospital cuando todavía no había ni amanecido.

Como cada día, cogimos el ascensor hasta la tercera planta, la unidad de neonatologia. Llamamos al telefonilo, entramos, y como siempre nos desinfectamos las manos y nos pusimos la mascarilla. Allí había un silencio absoluto.

Cuando entramos estabas en tu cunita, dormidito, un par de días antes te habían tenido que intubar de urgencia y sedarte porque tuviste una crisis muy grande, necesitabas ser operado cuánto antes. Papá y yo nos pusimos cada uno a un lado de la cuna. Muy bajito te susurre al oído cuánto te quiero y te pedí que siguieses siendo fuerte, que superases la operación y te quedases a mi lado. No te puedes hacer a la idea del miedo que sentía, necesitaba cogerte y abrazarte muy fuerte, pero todavía no podía hacerlo.

A las 9 de la mañana llegó el momento que llevábamos 10 días esperando. Tus cirujanos, cardiólogos, anestesistas, enfermeras y demás equipo médico que estarían en tu operación, vinieron a buscarte, y casi como en procesión, te acompañamos hasta la puerta del quirófano. Allí te dimos un beso, y te volví a repetir muy bajito que luchases con todas tus fuerzas para que volvieses junto a mí. Tu cirujana nos dijo que no nos preocupasenos por nada, que en.unas horas volveríamos a vernos. Y la puerta se cerró.

Se cerró y yo me derrumbé. No pude evitarlo. Mis piernas me fallaron y tuve que ponerme en cuclillas y llorar. Llorar con el mismo pánico y el mismo miedo que sentí el día que nos dijeron que tu corazón estaba pachucho. Aunque intentaba ser positiva y tener fe, no podía evitar el pensar que algo te pasase y no te volviese a ver salir por esa puerta. Me dolía el pecho y el alma de tanto llorar.

Durante un rato, tú padre y yo nos fuimos fuera, a respirar, a calmarnos. Llegaron tú abuelo y tu tío, y más tarde tu abuela, mi madre. Las horas parecieron días, la espera se hizo eterna. Una de las enfermeras de neonatos entró en quirófano para saber como iba y ella, mientras yo me sacaba leche en una salita, nos dijo que ya habían terminado y que en un rato saldrían los cirujanos, que estuviesemos tranquilos porque todo había salido bien. Esas palabras “tranquila mami, que todo ha salido bien” fueron como música para mis oídos. Lloré otra vez, pero esta vez de alegría máxima.

Al cabo de un rato te vimos salir, la verdad, me impactó verte tan blanquito, no me impactaron los cables, ni el verte sedado, fue ese color blanquecino lo que más recuerdo. Mientras te instalaban de nuevo en la UCIN, los cirujanos aprovecharon para contarnos como había ido la operación. Había ido bien, tu corazón tardó un buen rato en arrancar pero al final debiste de recordar lo que te pedí antes de entrar y sacaste fuerzas y empezó a latir por si solo. Habían conseguido ensancharte unos cuantos milímetros más la aorta y el agujero grande que tenías entre las aurículas te lo habían cerrado. Ahora sólo podíamos esperar. Esperar a tu evolución durante las primeras 72h.

La espera para entrar a verte se me hizo casi tan eterna como la de la operación. Cuando entramos ahí estabas tú, con miles de cables, vías, aparatos y máquinas a ambos lados de tu cuna, pero aún así, estabas precioso. Los siguientes días fueron como una montaña rusa, los miedos no se habían ido, nos distes unos cuantos sustos, pero eso si te parece te lo cuento otro día.

Mi niño, mi guerrero, cada día que te miro tú me das fuerza, eres un valiente, un luchador y verte sonreír es el mejor regalo que me ha dado la vida.

Te quiero mucho mi amor,
Mamá

Desde aquí quiero dar las gracias a todo el equipo médico que cuidó de mi hijo antes, durante y después de la operación, y por supuesto a todas las mamás que he ido conociendo por el camino, aquella con la que me cruzaba en el pasillo y con un simple hola y una sonrisa ya nos entendíamos, conocíamos nuestro dolor, aquellos que permitieron que unos días antes viésemos a su hijo recién operado para que nos hiciésemos a una idea de lo que nos esperaba, aquellas que día a día me acompañan vía whatsapp y hacen que no me sienta sola, aquellas que están en redes sociales y siempre tienen una palabra bonita para mí, solo puedo daros mil gracias, por estar aquí, pero sobre todo por quedaros.

Alvarito con sus tan necesarias máquinas después de la operación

😘😘

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2 comentarios en “El día que te salvaron la vida”

  1. Qué angustia sólo de imaginar un poco al leerte. La iniciativa de las cartas me parece muy bonita, seguro que tu hijo se emociona en un futuro. Respecto a los papás con los que conectaste… Siempre me gusta decir que las personas que han vivido una situación parecida hablan el mismo idioma. Un abrazo.

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